sábado, 7 de noviembre de 2015

SEXO EXPLÍCITO EN EL CINE COMERCIAL

El cine porno es, por definición, el tipo de cine en el que aparecen relaciones sexuales explícitas, con los genitales claramente expuestos, sin censura, y que basan sus argumentos en estas relaciones. Como es bien sabido, no suelen ser unas joyas del guión, los estereotipos están más marcados aún que en el cine convencional y tienen la finalidad exclusiva de excitar a los espectadores para que actúen en consecuencia, en general masturbándose.

En el cine comercial hemos visto muchísimas, miles incluso, de escenas de sexo. Hemos visto también a actores y actrices completamente desnudos, mostrando genitales, pero en la inmensa mayoría de las ocasiones el sexo que tiene lugar en estas películas es simulado, por muy juntas que estén las pelvis de los intérpretes, y en cualquier caso poquísimas veces seremos testigos de una erección auténtica en una película de este tipo.

Sin embargo existen películas “normales” en las que sí se ven erecciones, los actores tienen sexo de verdad y aun así no se consideran pornográficas, dado que en este caso la finalidad de las películas como tales no es la excitación sexual de los espectadores. Veremos algunos ejemplos de cine comercial con sexo explícito.

Los primeros ejemplos se dieron en los años 50 y 60 en Europa, con producciones como la danesa Gift, de 1966 o la alemana Das Stundenhotel von St. Pauli, de 1970. Aquel mismo año la película El Topo, de Alejandro Jodorowsky, mostraba una escena de violación que él afirma que contiene sexo auténtico.

En 1972, la estadounidense Pink Flamingos, de John Waters, causó mucho revuelo al contener escenas demasiado explícitas para la censura y estuvo prohibida en países como Australia durante muchos años. La italoestadounidense Caligula, de 1979, en la que estaba involucrado el pervertidísimo director italiano Tinto Brass, contenía escenas de penetración, felación y eyaculación totalmente reales, mientras que 10 años después, en Paganini, del polémico Klaus Kinski, aparecían escenas no simuladas de masturbación femenina, por ejemplo.

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Una de las más conocidas, sin embargo, fue Los idiotas, de Lars von Trier, en 1998, que fue una de las primeras películas hechas según el manifiesto Dogma 95, que apostaba por eliminar los efectos especiales y la tecnología. En este caso aparecían escenas de penetración y sexo en grupo y, fiel a la doctrina, el director hizo que fueran reales. Un año después la francesa Romance mostraba masturbación masculina y femenina, felaciones, penetraciones, eyaculaciones y bondage, y es famosa porque Rocco Siffredi, el actor porno por excelencia, aparece en ella, naturalmente llevando a cabo sexo real.

También francesa es Baise-moi, de 2000, cuya protagonista Karen Lancaume venía del mundo del porno y acabó suicidándose unos años después. En la española Lucía y el sexo, de 2001, se pueden apreciar perfectamente algunas erecciones, además de masturbación y cunnilingus. Un poco de todo, y bien real, aparece en la película de 2004 llamada 9 Songs, y en Shortbus, de 2006, se ve a un grupo variopinto de personajes masturbándose, practicando el coito y felaciones, e incluso una autofelación.

Más recientemente, y esto podría ser un nuevo paso que llevara de nuevo el cine porno a las salas de cine, en 2015 se ha estrenado Love, película francesa en la que aparecen escenas de sexo real y que además está concebida para ser vista en 3D. Nos podemos imaginar las posibilidades que tiene esto para el porno: aunque los argumentos sigan siendo trillados y absurdos, ver según qué cosas como si estuvieran al alcance de la mano puede tener un interés que dure unos cuantos años. Habrá que ver si se acaba haciendo.